Ciclones bajo la sombra de El Niño
- hace 4 horas
- 2 min de lectura

Por Redacción Nación
San Salvador
Este 1 de junio marca el inicio oficial de la temporada de huracanes en el océano Atlántico, un ciclo que este año se perfila menos activo de lo habitual pero que mantiene bajo alerta a la región centroamericana. De acuerdo con el pronóstico de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), existe un 70 % de probabilidad de que se formen entre ocho y 14 tormentas con nombre, de las cuales entre tres y seis podrían convertirse en huracanes, y de uno a tres alcanzarían una intensidad mayor.
A pesar de que las proyecciones apuntan a una baja actividad ciclónica, los expertos lanzan una advertencia contundente: basta con que un solo sistema toque tierra para provocar un desastre. Para El Salvador, el monitoreo del Atlántico es crucial; históricamente, los ciclones que nacen en esta cuenca suelen cruzar Nicaragua y Honduras antes de llegar al territorio salvadoreño, degradados la mayoría de las veces a tormentas tropicales, pero con un alto potencial temporal y destructivo debido a las lluvias.
La relativa calma de este año se debe principalmente al desarrollo del fenómeno de El Niño. La NOAA proyecta que para los meses críticos de agosto, septiembre y octubre existe un 98 % de probabilidad de que El Niño esté plenamente consolidado, lo que tiende a suprimir la formación de tormentas en el Atlántico. Sin embargo, debido a la incertidumbre climática, los pronósticos se actualizarán a mitad del periodo. Por su parte, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Marn) prevé una baja probabilidad de influencia ciclónica directa en Centroamérica entre mayo y julio, aunque no descarta eventos aislados.
Para bautizar a los fenómenos de este año, que se extenderá hasta el 30 de noviembre en paralelo con la temporada del Pacífico (iniciada el 15 de mayo), ya se tiene lista la nómina oficial de 21 nombres, que arranca con Arthur, Bertha y Cristóbal, y cierra con Wilfred. Este sistema de nomenclatura, utilizado desde 1953 por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), retira de forma rigurosa los nombres de ciclones devastadores para no volver a usarlos.
Como previsión ante temporadas extremas, la OMM sepultó en 2021 el uso del alfabeto griego tras la saturación de tormentas del año 2020. En su lugar, si la lista principal de este año llegara a agotarse, las autoridades meteorológicas ya tienen preparada una lista suplementaria que inicia con los nombres de Adria, Braylen y Caridad, garantizando el orden y la prevención en una región donde la vulnerabilidad ante el clima siempre exige preparación.







Comentarios