De las ONG está empedrado el camino al infierno
- Diego Zelaya
- 1 jun 2025
- 4 Min. de lectura

René Martínez Pineda (@ReneMartinezPi1)
Sociólogo y Escritor
El país es, por fin, un lugar que, borrando el olor a sangre, está recobrando la decencia y la conciencia, luego de décadas de decadencia, corrupción y represión oscurantistas; luego de sufrir la traición más grande de la historia. Ha sido un largo camino -difícil y cruento, para la mayoría- en el que, como luz al final del túnel, fueron saliendo las ong que al principio eran, en serio, una forma bien intencionada de hacerle más fácil la vida a los sectores vulnerables en lo económico-social. Sin embargo, muchas de esas ONG -cegadas por el dinero que, como maná, caía del cielo de los organismos internacionales- sufrieron una metamorfosis kafkiana y, pervirtiendo el espíritu originario que las hizo pertinentes, se convirtieron -donación a donación- en empresas sin fines de lucro para los beneficiarios, y con fines de lucro para sus directivos y mandos superiores.
Esas ONG que usan la foto de los pobres para pedir donaciones, en esencia son “administradoras de la pobreza” (eso lo afirmé en un artículo que publiqué hace 10 años), y se amamantan de la agonía, el dolor, la sangre y la desilusión que brota de la desigualdad social, privatizando el desamparo para lucrarse de él. Hay dignas excepciones, claro está, y son éstas las que deben ser la semilla para una nueva forma de ONG que acompañen el proceso de reinvención del país (que inició, en 2019, con Nayib Bukele), acompañando a las personas sin manipularlas políticamente. Y es que, en la mente de muchos todavía subyace la idea de la ong como: grupo solidario de personas que ayudan a las comunidades con el recurso estratégico más importante: la vocación incondicional de servicio, sin cobrar por ello jugosos salarios, y sin comprar carros de lujo para ostentarlos en los lugares donde cada tiempo de comida es un lujo remoto.
Usando la coartada de la profesionalización de la asistencia social, muchas ONG se convirtieron en una rentable industria de servicios y manipulación política -la agonía de la gente es una buena excusa para pedir dinero- cuyos accionistas son los directivos y sus financistas son especuladores políticos que movilizan, con engaños, a las comunidades. Tal desnaturalización de unas ONG, está pensada y encaminada a privatizar lo social y obtener plusvalía absoluta de la caridad. Así, las ONG, son piezas de la industria de lo social; los beneficiarios, son clientes; las donaciones no son recursos solidarios, son flujo de capital; el altruismo, es una fachada de la manipulación social y política; la luz al final del túnel que, en un principio, se veía en ellas, es la oscuridad del futuro; y la desigualdad social, es un infierno sin salida que le da entrada a las donaciones, porque de ongs está empedrado el camino al infierno, camino que se viste de gala con pancartas que dicen “¡Viva el capitalismo sin fines de lucro, cabrones!”.
Sin duda, muchas ONG -sobre todo las que defienden los derechos humanos de los victimarios, porque viven de la sangre y lágrimas de las víctimas- son expertas en buscar financiamiento con coartadas políticas (como las de decir que viven en una “dictadura”) que no siempre son legítimas. Por otro lado, las ONG que no están pervertidas (“de todo hay en la viña del Señor”), lo usan en beneficio directo de las comunidades que atienden de forma abnegada, a diferencia de las otras en las que los gastos en salarios son mucho mayores a la ayuda que brindan. Esa tendencia oportunista que convirtió la noble idea de solidaridad social con los pobres, en un negocio rentable -al mejor estilo del capitalismo que critican- se ha traducido en que las ONG para la acción política y el lucro de “sus dueños por derecho de planilla y dividendos”, se dediquen a la manipulación política de la gente para desestabilizar gobiernos, y se ponen, por lo general, del lado de los victimarios, haciendo de su infraestructura y recursos: la retaguardia estratégica de los partidos políticos, para que éstos las usen como caja chica de la corrupción con fondos internacionales. ¿Cómo se puede conceptualizar el hecho de que ese tipo de ONG se dediquen a la desestabilización de los gobiernos que “no les gustan o no les convienen”? La respuesta es simple y lapidaria, eso es una privatización de la revolución social.
Una vez establecida la diferencia, harto radical, entre las ONG (unas con conciencia social, otras con intenciones políticas oscuras) hay que aclarar que, tanto en unas como en otras, los empleados que tienen (o al menos la mayoría de ellos) sí creen que están trabajando por una causa noble, y esos empleados son pagados como trabajadores de maquila, porque “así funcionan los negocios”, incluido el negocio de la caridad”.
Lo anterior nos lleva a otra dicotomía sin perdón: para pagar impuestos y apelar al altruismo para sumar donaciones, se definen como instituciones sin fines de lucro, pero para pagarle a sus empleados operativos son empresas con fines de lucro para sus directivos y mandos superiores. De nuevo, hay que recalcar que existen ongs que son meritorias y abnegadas, razón por la cual son dignas de ser apoyadas por la ciudadanía y estar exentas de impuestos, pues “no deben pagar justos por pecadores”.

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