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Fin de una era de terror: muere el "Viejo Lin", histórico y brutal cabecilla del Barrio 18

  • 21 may
  • 3 min de lectura

San Salvador. – Carlos Ernesto Mojica Lechuga, alias «Viejo Lin», uno de los fundadores más despiadados y rostros históricos de la pandilla Barrio 18 en El Salvador, falleció la noche del miércoles 20 de mayo bajo custodia del sistema penitenciario. La Dirección General de Centros Penales (DGCP) confirmó que el deceso fue provocado por un fallo multiorgánico derivado de un severo cuadro clínico que padecía desde hace años.


Según los informes médicos oficiales, Mojica Lechuga sufría de cirrosis hepática, síndrome hepatorrenal y un probable glioblastoma (un tipo de tumor cerebral sumamente agresivo). Su condición, que ya lo había llevado a ser ingresado de emergencia en el Hospital Nacional de Zacatecoluca en varias ocasiones, se tornó irreversible tras presentar un grave sangrado digestivo. Con su muerte tras las rejas, se cierran 23 años de reclusión y uno de los capítulos más oscuros de la violencia criminal en el país.



De la deportación al control de las calles

Nacido en Sonsonate, Mojica Lechuga vivió gran parte de su vida en los Estados Unidos, lugar de donde fue deportado en la década de los 90. A su regreso a El Salvador, se asentó en sectores de San Salvador Sur, particularmente en la colonia La Dina, zona que convirtió en su bastión para dirigir operaciones criminales.


Fue un histórico cabecilla de la pandilla Barrio 18 que combatió en la guerrilla durante la Guerra Civil salvadoreña. Militó en las filas del Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC) y operó en el volcán de Guazapa. Su expediente registra su paso por la cárcel de Mariona en 1982 acusado de "subversivo", siendo liberado tras una orden de la Corte Suprema de Justicia ese mismo año. Desertó del PRTC en 1983 y viajó a Los Ángeles (Estados Unidos), donde se integró a la pandilla Barrio 18 y fue deportado posteriormente a El Salvador.


Durante los años 90 y principios de los 2000, lideró la expansión y consolidación de una de las facciones más sanguinarias de la pandilla 18, coordinando homicidios, extorsiones, violaciones y el reclutamiento forzado de menores a escala nacional.

Símbolo de la brutalidad e impunidad.


Se convirtió en uno de los líderes más sanguinarios y principales arquitectos del Barrio 18, llegando a ser el rostro principal de la polémica tregua entre pandillas y el gobierno del FMLN en 2012.


El nombre del «Viejo Lin» quedó grabado en el imaginario colectivo por la extrema crueldad de sus métodos. En diciembre de 2002, se convirtió en el principal sospechoso e intelectual del asesinato de «Rosa N.», un crimen que conmocionó a la sociedad salvadoreña: la cabeza de la víctima fue abandonada dentro de una mochila en el Parque Libertad, en pleno corazón del Centro Histórico de San Salvador, mientras que el resto de sus extremidades desmembradas fueron dispersadas por la Policía Nacional Civil (PNC) en distintas plazas públicas de la capital.


El caso de «Rosa N.» se presentó en su época como el símbolo máximo de la barbarie de las pandillas. A pesar de ser capturado en enero de 2003 por este y otros diez homicidios (incluyendo la mutilación de tres mujeres), las debilidades del sistema judicial de 2004 permitieron que el caso fuera archivado por "falta de pruebas sólidas", evidenciando la impunidad con la que operaban estas estructuras.


Posteriormente, en 2005, fue trasladado al Penal de Máxima Seguridad de Zacatecoluca, conocido como "Zacatraz", donde permaneció recluido hasta sus últimos días.



El portavoz de la polémica «Tregua»

En el año 2012, el «Viejo Lin» volvió a la palestra pública, pero esta vez con un micrófono en la mano. Se convirtió en uno de los principales voceros de la estructura criminal durante la denominada "Tregua entre pandillas", un pacto impulsado bajo la gestión del expresidente Mauricio Funes (FMLN).


Durante este polémico proceso, Mojica Lechuga gozó de múltiples beneficios carcelarios y de protagonismo mediático: brindaba entrevistas desde la prisión, participaba en misas y cultos evangélicos, y presumía sus fechorías ante las cámaras al mismo tiempo que pedía un perdón calculado. Detrás de ese discurso, las investigaciones fiscales posteriores demostraron que los cabecillas recibieron cuantiosos beneficios económicos y carcelarios, así como la flexibilización de los controles de seguridad en los penales, a cambio de reducir temporalmente las cifras de homicidios e incidir en eventos electorales.



El cierre de un ciclo

La muerte de Carlos Ernesto Mojica Lechuga ocurre en un El Salvador transformado por el régimen de excepción implementado desde marzo de 2022. Para las autoridades penitenciarias, el fallecimiento del «Viejo Lin» no es un deceso cualquiera; representa, de manera literal y simbólica, el fin de una era de terror y el colapso de los liderazgos históricos que sembraron el luto en miles de familias salvadoreñas durante más de tres décadas.

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