Fisura en el Kremlin por la guerra con Ucrania
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Por Redacción Internacional
Rusia
El costo financiero de la guerra en Ucrania amenaza de forma directa la estabilidad económica interna de Rusia. De acuerdo con un informe confidencial revelado por el diario Financial Times, el gasto militar del Kremlin para el año 2026 superará en al menos 28,000 millones de dólares (unos dos billones de rublos) el presupuesto que el gobierno había planificado originalmente. Esta desviación de las proyecciones iniciales está obligando a la administración de Vladímir Putin a evaluar severos recortes en sectores clave de la administración pública no relacionados con el conflicto bélio.
La alerta financiera quedó registrada en una comunicación oficial enviada por el ministro de Finanzas ruso, Anton Siluanov, al gabinete de gobierno. En el documento, Siluanov solicitó congelar de manera inmediata el crecimiento del gasto estatal programado para sectores civiles con el único fin de redirigir esos recursos al sostenimiento de las operaciones en Ucrania. La advertencia del jefe de las finanzas rusas detalla que, bajo un "escenario negativo", el déficit militar podría duplicarse a corto plazo si la intensidad de los combates se prolonga.
Actualmente, el Kremlin destina casi el 40% de todo su presupuesto federal a las áreas de defensa y seguridad nacional. Se trata de una de las tasas de concentración de recursos más altas de las que se tenga registro desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022. Sin embargo, este enorme esfuerzo económico ha comenzado a desgastar las arcas públicas. Durante el primer cuatrimestre de 2026, el déficit fiscal acumulado de Rusia escaló hasta el 2.5% de su Producto Interno Bruto (PIB), marcando el peor desequilibrio presupuestario reportado desde el estallido de la guerra.
“Nuestras reservas no son infinitas. No podemos permitir puntos débiles en nuestras finanzas mientras se producen transformaciones tan importantes en el mundo”, admitió recientemente el ministro Siluanov ante medios locales.
A pesar de las alarmas, el impacto fiscal sobre el Kremlin ha encontrado un balón de oxígeno temporal gracias al mercado energético internacional. El estallido del conflicto entre Irán e Israel elevó el precio del barril de petróleo por encima de los 100 dólares por primera vez en cuatro años, otorgando ingresos imprevistos a la economía rusa por concepto de exportaciones de crudo. Pese a este beneficio coyuntural, los analistas económicos advierten que la volatilidad de los precios de la energía no será suficiente para cubrir la vertiginosa espiral de gastos que exige el frente de batalla, lo que forzará al gobierno ruso a profundizar los ajustes en los subsidios corporativos y las instituciones públicas del país.







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