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Guerra en Irán desencadena crisis múltiple: alza en precio de alimentos y combustibles

  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura


El bloqueo del Estrecho de Ormuz impacta cadenas de suministro mundiales, con aumentos de hasta 40% en fertilizantes y presiones inflacionarias en todo el planeta

La escalada bélica en Irán está generando consecuencias devastadoras para la economía global, siendo la seguridad alimentaria una de las áreas más afectadas. El cierre parcial del Estrecho de Ormuz –pasaje marítimo por el que transita una cuarta parte del petróleo mundial– ha reducido el flujo de mercancías en un 97%, sólo durante la primera semana de marzo, provocando un aumento entre 30% y 40% en los precios de fertilizantes clave como la urea. Este encarecimiento se suma al alza de la energía y el transporte, afectando directamente la producción agrícola desde el campo y amenazando con escaseces en regiones vulnerables de Asia, África y Latinoamérica.

El impacto se hace sentir también en los combustibles, con disparos significativos en América Latina, Europa, África y Asia. Taxistas, pequeños negocios y gobiernos luchan por contener el pánico, mientras la presión sobre el petróleo sacude economías enteras y deja a millones de personas sin margen para absorber nuevos aumentos. En España, el sector alimentario sigue con gran preocupación la evolución del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán y su repercusión en las materias primas. A la subida del petróleo y el gas se une la de los fertilizantes, y aunque de momento el incremento de costos no ha llegado al consumidor final, la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) advierte de riesgos inminentes.

“Si el conflicto se alarga entre cinco y siete semanas, comenzaremos a ver aumentos en la cesta de la compra”, señaló Ignacio Silva, presidente de FIAB, durante la presentación de la feria Alimentaria de Barcelona. Por su parte, la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) denunció que España es el segundo país de la Unión Europea con mayores subidas de carburantes, solo por detrás de Chequia, a pesar de tener menor dependencia del gasóleo proveniente de la zona de conflicto. Los agricultores han pedido al Gobierno que vigile el mercado para evitar prácticas especulativas.

La crisis de fertilizantes es especialmente crítica, ya que la restricción de suministros afecta la productividad de cultivos básicos como el trigo y el maíz, lo que podría derivar en una nueva ola de inflación alimentaria. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha lanzado una alerta mundial, advirtiendo que la prolongación del conflicto podría provocar hambre aguda en millones de personas y alterar de manera estructural las cadenas de suministro de alimentos y materias primas.

Más allá del impacto en el petróleo, la guerra genera tres efectos económicos fundamentales que amplían la crisis global: primero, el riesgo latente para la producción alimentaria a nivel mundial; segundo, la restricción en la distribución global de medicamentos, ya que el Estrecho de Ormuz es un corredor clave para el transporte de insumos farmacéuticos; y tercero, la afectación a la producción de metales, sustancias químicas y aparatos electrónicos, cuyas materias primas y componentes dependen en gran medida de rutas marítimas que atraviesan la zona.

Las economías emergentes y en desarrollo son las que más sufren las consecuencias, ya que tienen menos capacidad para absorber los aumentos de precios y mantener los niveles de abastecimiento. Gobiernos de todo el mundo están evaluando medidas para mitigar el impacto, pero la única solución a largo plazo pasa por la desescalada del conflicto y la restablecimiento de la libertad de navegación en el Estrecho de Ormuz.

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