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OTAN: Fisuras en la cumbre

  • hace 5 días
  • 2 min de lectura

Por Redacción

Helsingborg — La primera reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la OTAN celebrada en Suecia dejó en evidencia que la alianza transatlántica atraviesa una de las crisis internas más profundas de su historia reciente. Detrás de los discursos de unidad frente a Rusia, la cita en la ciudad de Helsingborg desató fuertes fricciones entre Washington y sus aliados de Europa y Canadá.


La incorporación de Suecia y Finlandia ha consolidado al mar Báltico como un teatro de operaciones de primera línea. Sin embargo, el equilibrio interno se tambalea debido a los giros estratégicos de la administración de Donald Trump y su enfoque unilateral de la política exterior.


El polvorín de Oriente Medio divide aguas

El principal foco de tensión en la cumbre lo detonó el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien manifestó abiertamente la "decepción" de Washington ante la tibia respuesta europea frente a las operaciones militares conjuntas de EE. UU. e Israel en Irán, iniciadas a finales de febrero.


Mientras que potencias como Gran Bretaña, Francia y Alemania han dado un respaldo relativo a las acciones en Oriente Medio, a los gobiernos europeos les alarma que este conflicto desvíe la atención y los recursos de la guerra en Ucrania, la cual consideran prioritaria para su propia seguridad. La división es tal que el gobierno de España prohibió formalmente el uso de sus bases militares para operaciones dirigidas hacia territorio iraní.


Rearme europeo e independencia de Washington

Ante la volatilidad de su histórico aliado norteamericano, Europa ha respondido acelerando sus propios planes de militarización. Liderados por Alemania —donde el gobierno del canciller Friedrich Merz aprobó un histórico gasto de 1 billón de euros en infraestructura bélica para la próxima década—, los miembros europeos buscan construir una maquinaria de guerra capaz de defender sus intereses geoestratégicos de manera autónoma.


A pesar de las disputas, la dependencia técnica obliga a mantener la cooperación. El ministro de Exteriores alemán, Johann Wadephul, saludó el envío de 5,000 soldados estadounidenses a Polonia, una medida que busca compensar la reciente retirada de tropas norteamericanas de suelo alemán ordenada por la Casa Blanca.


Tensiones desde el Ártico hasta Canadá

Las grietas de la alianza ya no se ocultan y se extienden a nuevos escenarios geográficos:

  • La disputa por Groenlandia: EE. UU. inauguró una delegación consular ampliada en Nuuk con el objetivo de posicionarse ante los ricos yacimientos de materias primas del Ártico. El acto provocó masivas protestas locales y el boicot diplomático de funcionarios daneses y groenlandeses, quienes se negaron a recibir al enviado de Trump.

  • Ruptura histórica con Canadá: Washington suspendió su participación en la Junta Conjunta Permanente de Defensa con Canadá, un mecanismo de cooperación bilateral vigente desde 1940. El Pentágono justificó la medida debido a los retrasos de Ottawa en la compra de aviones F-35 y su reticencia a alcanzar el gasto del 5% del PIB en defensa. Ante las presiones, el primer ministro canadiense, Mark Carney, ha comenzado a buscar una mayor integración con los programas de producción militar de las potencias de Europa continental.


La cumbre de Helsingborg sirvió para preparar la reunión de líderes que se celebrará este verano en Ankara, Turquía, una cita que el propio Marco Rubio ya catalogó como una de las más cruciales e complejas en la historia de la organización.

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