Diarreas: Lo que debes saber para proteger a tu familia
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Por: Dr. Julio Avilés Samayoa
Medicina familiar, integrativa , regenarativa y ozonoterapia.
Aunque los cuadros de diarrea y gastroenteritis son una condición común en nuestras unidades de salud y clínicas privadas, es fundamental que no le restemos importancia. Como médico, he visto cómo un problema que muchos consideran "menor" puede convertirse en una emergencia si no se actúa a tiempo. Quiero explicarles de forma sencilla qué está pasando, cómo identificar las señales de peligro y qué medidas prácticas pueden tomar en casa para cuidar a quienes más quieren.
¿Quiénes están en mayor riesgo?
Las estadísticas actuales muestran una tendencia clara que debemos conocer: Niños de 1 a 4 años: Siguen siendo los más vulnerables debido a que su sistema inmune está en desarrollo y se deshidratan con mayor rapidez. Adultos jóvenes (20 a 29 años): Sorprendentemente, este grupo presenta una incidencia casi tan alta como la infantil, muchas veces asociada al consumo de alimentos fuera de casa y falta de higiene en la manipulación de la comida.
Los síntomas: Más allá de "ir seguido al baño". Una diarrea se define médicamente como la expulsión de heces líquidas o semilíquidas tres o más veces en 24 horas. Pero debemos estar atentos a otros síntomas que suelen acompañarla: Dolor abdominal o cólicos fuertes, náuseas y vómitos, fiebre, presencia de moco o sangre en las heces (esto es una señal de alerta inmediata que requiere atención médica urgente).
El mayor peligro: La deshidratación. Mi mayor preocupación no es la diarrea en sí, sino la pérdida de líquidos y sales minerales que acompaña a la mayoría de los casos. ¿Cómo saber si alguien se está deshidratando?
En adultos: Sed intensa, boca seca, orina muy oscura o en poca cantidad, y mareos al ponerse de pie. En niños: Llanto sin lágrimas, ojos hundidos, irritabilidad extrema o mucha somnolencia, y el signo del "pañal seco" (no orina en más de tres horas).
En nuestro país, varios elementos convergen para generar esta crisis gastrointestinal:
Factores ambientales y climáticos: Las transiciones de clima juegan un papel crucial. Con las primeras lluvias, los residuos de pozos sépticos o basura acumulada pueden filtrarse a las fuentes de agua potable. Además, en épocas de vientos fuertes, los patógenos viajan en el polvo y se depositan sobre alimentos vendidos al aire libre o en utensilios de cocina mal resguardados.
Agentes biológicos (los "culpables"): Aunque el síntoma es el mismo, el origen puede variar:
- Virus (Rotavirus y Norovirus): Son la causa número uno en niños, altamente contagiosos y transmitidos fácilmente en guarderías y escuelas por contacto con superficies contaminadas.
- Bacterias (E. coli, Salmonella, Shigella): Comunes cuando consumimos carnes mal cocidas, lácteos no pasteurizados o comida preparada con poca higiene.
- Parásitos (Amebas y Giardia): Proliferan cuando no hay tratamiento adecuado del agua o lavado de vegetales que crecen a ras de suelo.
El factor de la "comida callejera" y manipulación: Muchos casos en adultos jóvenes provienen del consumo en puestos informales. La falta de refrigeración acelera la descomposición de alimentos en nuestro clima cálido, y la contaminación cruzada –al usar la misma tabla para cortar carne cruda y vegetales, o manipular dinero y comida sin lavarse las manos– es una causa frecuente.
Saneamiento básico y deficiencias de higiene: La escasez de agua hace que la gente almacene líquido en recipientes no siempre limpios o tapados, convirtiéndolos en focos de infección. Además, la acumulación de basura cerca de las viviendas atrae moscas, perfectos transportadores de bacterias hasta nuestra mesa.
Guía de prevención recomendada
Para cortar la cadena de contagio en su hogar, sigan estas reglas de oro:
- Lavado de manos: Hágalo con agua y jabón durante al menos 20 segundos. El gel antibacterial es un apoyo, pero no sustituye al lavado cuando las manos están visiblemente sucias.
- Manejo del agua: Si no tiene acceso a agua embotellada, hiérvala por al menos un minuto o use dos gotas de lejía por cada litro, dejándola reposar 30 minutos antes de consumirla.
- Higiene en la cocina: Lave bien frutas y verduras. Evite el contacto entre carnes crudas y alimentos listos para comer.
- Vacunación: Asegúrese de que sus hijos tengan al día la vacuna contra el Rotavirus.
Nota importante
Si usted o su hijo presentan diarrea, el primer paso es la rehidratación oral con suero oral preparado adecuadamente. Evite la automedicación, especialmente el uso de antibióticos sin receta, ya que muchas diarreas son virales y estos medicamentos solo podrían empeorar el cuadro o crear resistencia bacteriana. Si los síntomas persisten por más de 48 horas, hay fiebre alta o ve rastros de sangre en las heces, acuda de inmediato a su médico o al centro de salud más cercano. Recuerden: la prevención y la consulta temprana salvan vidas.





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